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Pueblo español advierte por quejas de turistas: aquí los gallos cantan y los burros rebuznan

Agencias internacionales. Jueves 19 de Agosto de 2021.

Autoridades de Ribadesella han puesto en marcha una campaña de carteles para que la cotidianidad de la vida rural no sorprenda a nadie. Y remata: “Si no puedes soportarlo tal vez no estés en el lugar correcto”.

Algunos turistas llamaron a las autoridades de Ribadesella para quejarse del rebuzno de los burros. Otros para dar aviso del desorden dejado por las vacas.

“La semana pasada una señora nos llamó tres o cuatro veces por un gallo que la despertaba a las 5 de la mañana”, explica Ramón Canal, alcalde de Ribadesella (municipio del Principado de Asturias) en el norte de España de unos 5.700 habitantes. “Nos dijo que teníamos que hacer algo”.

Ante la situación, los funcionarios se pusieron en marcha con una campaña de carteles en la que se pide a los visitantes que “asuman todos los riesgos” de la vida rural.

“Aquí tenemos campanas de iglesia que suenan con regularidad, gallos que cantan por la mañana temprano y rebaños de ganado que viven cerca y a veces llevan cencerros que también hacen ruido”, reza el cartel colocado en los últimos días en el pueblo.

El objetivo es salvar la brecha, a veces enorme, entre los habitantes de las ciudades y la vida rural, dijo el alcalde a la cadena española Antena 3. “Hay que darse cuenta de que la leche no viene en cartones, viene de las vacas, y que hay que alimentarlas y mantenerlas”.

La idea de los carteles surgió en un pueblo del sur de Francia, dijo el primer teniente de alcalde de Ribadesella, Luis Sánchez.

Sánchez explica que esta iniciativa surgió al ver el cartel con el que Saint-André-de-Valborgne, un pueblo de la región francesa de Occitania de apenas 400 habitantes, saluda y pide respeto por su ruralidad a los visitantes. Una localidad en la que pasó lo mismo que en Ribadesella y probablemente que en cualquier pueblo en el que la vida cotidiana, la normalidad de todos los días, de repente se ve en cierto modo alterada por veraneantes o vecinos de segundas residencias que pretenden, por ejemplo, que los sonidos de una aldea se adapten a sus horarios.

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